nube

nube

domingo, 30 de marzo de 2014

Como decíamos ayer



Ayer fue la primera palabra que escribí en un poema cuando tenía ocho años. Fue ayer y lo parece. Porque recuerdo la luz de la tarde de agosto en la parte trasera del chalet, donde el viento soplaba un poco más fresco. Y a mi abuela sentada en la silla de enea, haciendo sus labores o leyendo revistas. Y también la emoción de las palabras. Y el olor del cuaderno. Y otras cosas que quizás no ocurrieron pero que mi imaginación ha ido añadiendo a ese recuerdo con el paso del tiempo. Ayer, hoy, mañana. ¿Cuántos ayeres han sucedido desde entonces? ¿Cuántos mañanas esperan en el lado de las cosas aún no sucedidas? Ayer entró Fray Luis a su cátedra en la Universidad de Salamanca, después de cinco años de cárcel, y mirando a sus alumnos, de la misma manera en que lo hiciera cada día antes de su cautiverio, empezó la lección repasando lo dicho en el día anterior. Corría el año 1574. Diciembre. Dicebamus hesterna die... Y ayer decíamos, en clase, que Fray Luis fue uno de los representantes de la literatura ascética en el Renacimiento. Y que San Juan de la Cruz, que entonces se llamaba Fray Juan de San Matías y era su discípulo, se convirtió después en un importante poeta. Y quizás al decirlo alguno de vosotros, o quizás yo, habrá pensado en cuánto tiempo hace que están muertos. En cómo el tiempo pasa y hoy parece que apenas ha pasado. Y cómo. Y también sin embargo. Pero ayer fue la primera palabra que puse en un poema. Y ayer es la primera que suelo utilizar cuando entro en la clase muy temprano e intento repasar o haceros recordar lo que dijimos. Por eso este diario empieza aquí: un registro de ayeres (lecturas, clases, textos, noticias, efemérides, no sé…) en esta encrucijada de caminos entre la poesía y la docencia, en algún lugar remoto entre el ayer y el mañana.